El amor es un misterio para todo el mundo a excepción de los poetas. El problema es que casi ninguna persona cuerda entiende lo que estos escriben sobre él. Sólo unos pocos, a nuestro entender, lo hacen de una manera tan simple que facilita su comprensión. Éste es el caso de Eliécer Neftalí, mucho más conocido con el nombre de Pablo Neruda, el poeta más importante de Chile y, según mucha gente, el más importante en el mundo latino de todos los tiempos. Obras como “España en el corazón”, “Cien sonetos de amor” o “Residencia en la tierra” así lo demuestran. Pero sobretodo son dos las obras que lo elevan a la categoría de maestro, como son “Confieso que he vivido”, que le hizo obtener el premio Novel en el año 1971, y, sobretodo, “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, seguramente su colección de poemas más conocido.
El conjunto de su obra refleja una visión caótica del mundo y está llena de surrealismo. Acostumbran a ser libros dolorosos y pastoriles que contienen sus más atormentadas pasiones adolescentes, mezcladas con la naturaleza arrolladora del sur de su patria. Sus poemas pueden tratar de diversos temas, como la crisis de la sociedad o el sufrimiento del pueblo, pero en todos permanece su vena romántica, constante en su canto de amor, de soledad, de pesadilla delirante o de utopía política. Amado Alonso califica su obra como una poesía escapada tumultuosamente de su corazón, romántica por la exacerbación del sentimiento, expresionista por el modo eruptivo de salir, personalísima por la carrera desbocada de la fantasía y por la visión de Apocalipsis perpetuo que la informa.
Al mismo tiempo, como ya hemos mencionado, los escribe de una forma tan simple que está al alcance de cualquier mente. No hace falta ser un genio para entender lo quiere comunicar. Y como un ejemplo, al igual que como una imagen, vale más que mil palabras, aquí tenéis uno de sus tantos poemas en el que te ahogas por su belleza y simpleza:
LLÉNATE DE MÍ.
Llénate de mí.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame.
Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora.
Soy el que pasó saltando sobre las cosas,
el fugante, el doliente.
Pero siento tu hora,
la hora de que mi vida gotee sobre tu alma,
la hora de las ternuras que no derramé nunca,
la hora de los silencios que no tienen palabras,
tu hora, alba de sangre que nutrió de angustias,
tu hora, medianoche que me fue solitaria.
Libértame de mi. Quiero salir de mi alma.
Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre.
Yo soy esto que ataca, esto que aúlla, esto que canta.
No, no quiero ser esto.
Ayúdame a romper estas puertas inmensas.
Con tus hombros de seda desentierra estas anclas.
Así crucificaron mi dolor una tarde.[…].
Leyendo versos tan bellos como éstos uno no puede más que babear y sacarse el sombrero. Y quién quiera utilizarlos porque tenga ganas de hacer con su pareja o leyenda lo mismo que la primavera hace con las flores, que no dude en tomarlas prestadas, pues la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita. Y como diría el mismo poeta, disfrutad de este sentimiento mientras tengáis la suerte de navegar en él, pues acaba siendo tan corto el amor y tan largo el olvido…